La obra de Alejandro Jodorowsky es tan extensa y productiva que durante los últimos cincuenta años, no ha dejado de sorprendernos como novelista, cineasta, filósofo, psicomago, tarotista y guionista de cómics; por citar algunas de sus facetas artísticas. Fruto de su talento e imaginación nos ha llevado por mundos sorprendentes, influenciado por el misticismo y el surrealismo, con el que ha asombrado a millones de lectores. Hoy quiero centrarme en una de sus últimas creaciones, en la publicación del cómic de Los hijos del Topo, un trabajo que cuenta con la maestría de un José Ladrönn pletórico, en una edición integral de Reservoir Books, con los tres álbumes que componen la obra.
El Topo, la que fuera en 1970 la película de culto de Jodorowsky, fue proyectada en las sesiones golfas (ningún cine “normal” quiso proyectarla), debido a su profundo contenido. El elegido para ello, fue el cine de barrio L’Egin (de espíritu de películas X), teniendo un éxito indiscutible durante todas sus proyecciones. Gracias a esto, el autor quiso llevar a la gran pantalla una secuela, Los hijos del Topo, oponiéndose frontalmente todos los estudios de Hollywood, no pudiendo llegar a rodarla desgraciadamente. No sería hasta 2016, cuando Jodorowsky conoció al dibujante mejicano José Ladrönn, para embarcarse en una trilogía ese mismo año 2016 y el 2022, para dar rienda suelta a un guion sobresaliente, con unas viñetas espectaculares, llenas luz y de color.
Una historia situada en el salvaje oeste, en el que se narra cómo tras dejar su etapa como bandido El Topo, se convierte en un santo, capaz de obrar grandes milagros, dejando atrás a uno de sus hijos, Caín (abandonado de niño), durante su época más oscura. Al crecer este, buscó a El Topo para matarlo pero no pudo hacerlo, su venganza se dirigiría ahora en la muerte de su hermano. Mientras, el santo tras liberar a unos parias de la sociedad y vengarse de sus verdugos, provoca un cataclismo que cubrirá todo el país. Además de prohibir, bajo pena de muerte, que nadie puede hablar con Caín, para evitar la muerte de su otro hijo, Abel; nadie podrá mirarle directamente, convirtiéndolo en un marginado social. Para poco después, autoinmolarse el propio santo, prometiendo volver, antes de morir por el fuego. Su tumba estará cubierta por la miel de miles de abejas, brotando a su alrededor de las entrañas de la tierra, menhires de oro.
Seguidamente, un número de peregrinos quieren visitar el sepulcro del santo, sin éxito alguno, al caer en un foso lleno de ácido. Caín no estará libre de visitar la tumba de su padre, para conseguir el propósito de revocar la marca en su frente (que impide que nadie pueda matarlo), siendo expulsado y repudiado por su propio padre. Desde ese momento librará un camino tortuoso, que le conducirá hasta el poblado más cercano, para ver si puede conseguir que alguien lo mire. Nace hace prever que Caín vivirá su propio calvario para encontrar su redención.
El trabajo de Alejandro Jodorowsky, viene determinado por su característico universo, basado en su peculiar forma de ver la vida; en el que no faltará el budismo, los ritos iniciáticos, la mutilación, la sangre a raudales o el erotismo. Un western lleno propuestas misteriosas, filosóficas y espirituales, que conducirán al lector a una lectura fascinante de principio a fin.
Jodorowsky sabe bien la suerte que ha tenido en la parte gráfica de esta trilogía, a José Ladrönn, un dibujante extraordinario, que en Los hijos del Topo, a mi forma de ver, realiza su mejor trabajo hasta le fecha. Sus dibujos son excelentes, de una calidad y belleza sin igual.
Quisiera acabar, recomendado esta integral, de lectura inquietante, bizarra, para todos los seguidores de Alejandro Jodorowsky, que con su creatividad ha fascinado a medio mundo.
Los hijos del Topo
Guion de Alejandro Jodorowsky
Dibujos y color de José Ladrönn
Cartoné, 240 páginas, 23 x 29,6 cm
Colección: Reservoir Gráfica
PVP: 34,90€
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